Elegante insumisión


Photo by Fabien Bazanegue on Unsplash 
Texto: Susana Aragón Fernández

Ya celebramos la fiesta de los Reyes Magos. Ya nuestros pueblos y ciudades se llenaron de cabalgatas que dejaron un cálido rastro de emociones y regalos. Regalos, roscos, celebraciones y fiestas. Ya terminó, sí. Pero además de todo eso los Reyes se marcharon diciéndonos algo con su gesto callado y elegante al marchar. Con tanto revuelo que rodea la fiesta a veces es difícil darse cuenta de ese gesto.

Los Reyes Magos, que según cuenta Mateo en la Biblia, debían ser unos sabios de Oriente que salieron de sus casas para buscar al que llamaban Mesías, el que iba a ser el Rey de los Judíos. Emprendieron un viaje lleno de ilusión e incertidumbre, como suelen ser las cosas de la vida que dejan huella.  Andaban buscando y buscando y llegaron a Jerusalem preguntando “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”. Herodes, que precisamente era en ese momento el rey de los judíos por concesión de Roma, escuchó esa pregunta, realizada con la mayor candidez por aquellos sabios y su sobresalto fue similar al que hubiera sentido al recibir un gran bofetón inesperado. Sobresalto, amenaza y miedo horrible a perder el poder. Pero disimuló y ante ellos hizo como si nada, como si tuviera interés, como si compartiera el interés de los magos.

Al despedir a los sabios orientales les dio el encargo de volver a su palacio después de que encontraran a ese niño para que le dieran noticias de él “que también tengo intención de ir a adorarlo”. Esto último recuerda al lobo de los cuentos, ese lobo que el lector-niño percibe mentiroso al momento, en cuanto abre la boca “tú vete por ese camino que es más corto y yo iré por el largo, a ver quién llega antes a casa de la abuelita”, “abridme la puerta, cabritillos, que soy vuestra mamá”. Como a ese lobo, escuchamos las últimas palabras con las que Herodes despide a los magos de Oriente.

Advertidos en sueños de que no volvieran adonde Herodes”, ellos volvieron a su país por otro camino. ¿No es maravilloso? Tienen un encargo bien claro de un rey: un rey todopoderoso de su época que puede decidir sobre las vidas y muertes de sus súbditos, un todopoderoso que puede darles poder, nombrarles sus asesores, alojarles en su palacio… o recluirlos para siempre en prisión, torturarlos, matarlos… Y los sabios, que en sueños han escuchado con claridad esa advertencia, como muchas veces podemos escuchar todas las personas si vivimos atentas y apagando ruidos para poder escuchar, no respondieron a esa petición-exigencia.

Los sabios de Oriente vuelven a su país por otro camino, haciendo oídos sordos a la petición de Herodes. Tranquilamente, majestuosamente.  Dan media vuelta, sin inmutarse. Una insumisión firme, atrevida y silenciosa. Una elegante insumisión. Una insumisión ante el poder y cualquier exigencia externa que contradiga lo que llevan dentro. Una elegante insumisión que recorre el camino mirando las estrellas del cielo, respirando la noche, escuchando los sueños.


Photo by Inbal Malca on Unsplash  

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Publicado por mirandodesdelpuente

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4 comentarios

  1. AnónimoSEPTIEMBRE 22, 2018 EN 7:33 PM EDITAREs precioso, Susana… muchas gracias!Me gustaRESPONDER
  2. aitorbarreneSEPTIEMBRE 26, 2018 EN 10:25 PM EDITARGracias Susana Efetá= Amor con MayúsculasUn abrazoMe gustaRESPONDER

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