En un patio cordobés

Fotografía y texto: Susana Aragón Fernández

A veces la imaginación se pone en marcha con la contemplación de algo bello, muy bello, tan bello como un patio cordobés en primavera. Y es tan grande la emoción que el pensamiento se va a otra vida que te tocara vivir, como en una tómbola: “le ha tocado una segunda vida donde puede encargar los detalles principales”. Y ahí me veo pensando en esa vida como una bella mujer de trenza negra hasta la cintura, con unas buenas curvas por todo el cuerpo, con una piel tersa y un rostro alegre dispuesto siempre a la risa. Un vestido de lunares con bien de volantes para los días de fiesta. Las manos fuertes y dicharacheras preparadas para marcar el ritmo de las canciones y para hacer vuelos mágicos en el aire al compás de la música. Unos churumbeles correteando, jugando todo el día en el patio donde vivimos y en los patios de las amigas vecinas que tienen el rostro de Cris, Rosa, Pilar, Cova, Maika, Raquel, Teresa, Edurne, Asun, Maite, Mertxe, Paloma, Olga, Gema, Merche… Somos vecinas y ellas viven también con sus caras alegres en los patios vecinos y nuestros churumbeles juegan juntos. Un día Maika prepara una merienda improvisada y terminamos cantando al compás de la guitarra de Mertxe, de las castañuelas de Paloma, del cajón de Asun y bailando hasta que las estrellas nos invitan a marchar: “Cada mochuelo a su olivo”, dice Pilar. Otro día es Raquel la que prepara una inmensa tortilla de patatas y la disfrutamos en su patio de macetas verdes llenas de geranios. Otro día Cris saca una manguera y la chiquillería pasa la mejor tarde del verano y hasta alguna de nosotras, en chancletas juega bajo el agua. Llega el día de preparar mermeladas y nos juntamos en el patio de Edurne, con su pozo y sus flores. Otro día vamos al patio de Olga a preparar unas cremas que nos enseña con su magia de alquimista. Maite nos corta las puntas de las largas cabelleras de vez en cuando y nos enseña nuevos peinados para las fiestas. Cuando termina el verano Cova nos reúne para el recitado de poesías debajo de su limonero y el mes de noviembre se nos pasa con las risas de los juegos de mímica que nos prepara Gema y los usos medicinales de las plantas que nos enseña Rosa. Por las mañanas nos reunimos en el patio de Teresa para la oración y para comenzar el día agradeciendo la vida. Muchas tardes las pasamos cantando en el patio de Merche, y cada día aumenta nuestra gracia y nuestro repertorio.

No estamos emancipadas, en el sentido de hoy, no tenemos oficio ni beneficio, no abanderamos ninguna ideología. No corremos de un lado para otro ni estamos estresadas, ni nuestros hijos están alterados, ni cuelga ninguna llave en su pecho. Criamos hijos y flores y la vida transcurre lenta y gustosa. Somos más bien unas golondrinas que revolotean día a día, alegres y agradecidas.

Una segunda vida en un patio andaluz.

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2 comentarios

  1. Me encanta tu mirada, Susana. Y quiero esa segunda vida en la que compartir la tortilla de patatas, la poesía y la oración mientras criamos hijos y flores al ritmo de la vida. Gracias de todo corazón por hacernos parte de esta vida preciosa. Teresa

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