Banderas antiviolencia


Photo by samantha woodford on Unsplash Texto: Susana Aragón Fernández

A veces somos muy básicos y solo vemos la punta del iceberg y nos rasgamos las vestiduras, nos volvemos jueces, críticos, con sentencias de acero con solo ver el final de algo.

Es la torta en el patio, el empujón, la frase desajustada, la pelea, el tortazo.

El daño empezó antes, con la burla, con la espalda cerrando el paso a la conversación, con la ridiculización sobre algún aspecto físico, con los “trapos sucios” de la familia aireados públicamente, con ese suceso un tanto vergonzoso contado en privado y sacado del secreto de la confidencia para revancha por algo, con el mote que surge un día en una broma y ya no hay forma de quitárselo de encima.

Las risas de quien se ríe del otro, de quien se siente superior, de quien se ofende por la reacción del dañado, las risas-burlas incapaces de reír al unísono.

La daga se clavó un poco más en esos cumpleaños en los que quedó fuera, sin invitación. En la expulsión de la cuadrilla en la adolescencia. En el grupo de amigos cuyo wasap quedó repentinamente en silencio y ya no había planes aunque seguían juntándose como siempre.

El acero de las palabras, de la desconsideración, del aislamiento, el acero que hace girones pequeñas autoestimas, que ríe pisando, machacando. “No vales para nada”. “Eres tan torpe…” “Mejor se lo encargo a X (porque no confío en ti)”. “Tu madre es una….”, “Me cagüen tus muertos“, “Tu creencia es una m……”, “Tu padre es un ladrón”, “Eres tan inútil”, “Tu familia es una vergüenza”, “Todo lo que tocas lo destruyes”, “Qué desgracia de persona”, “Tu hija…

Pero…. solo vemos la respuesta harta del que recibe uno y otro dardo. Y suele ser una respuesta “salida de tono”, la respuesta violenta mientras que el daño, que no es de un día, queda invisible, como el cuerpo del iceberg que permanece bajo el agua. Y es entonces cuando aparecen por todas las esquinas los jueces implacables con las banderas anti-violencia.

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2 comentarios

  1. Gracias, Susana. Qué verdadero. Pensaba que lo de Will Smith es otro caso más de esa respuesta violenta a una burla pública. Me gustaría traducirlo y enviárselo. Seguro que le consuela.

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