Nos van a reemplazar


Photo by Austin Pacheco on Unsplash Texto: Susana Aragónj Fernández

Mientras mi hermano y yo hemos sido pequeños nuestra madre ha estado con nosotros a todas horas sin que fuéramos conscientes de ello porque nos parecía que la vida era así. Se cogió cinco años de excedencia en su trabajo para eso y pudo acompañarnos en todo momento: en casa, en los trayectos al colegio, en las tardes de patio, en las visitas al pediatra, en los cumpleaños de amigos y familiares… y en las fiestas de fin de curso que organizábamos con las familias del cole en los depósitos de agua de Mendillorri a finales de junio. Fiestas de globos de agua, correr de aquí para allá, la locura de las pistolas de agua, los balones, la merienda al aire libre…

Después de esa larga excedencia pasó muchos años trabajando a media jornada, para estar con nosotros. Total que ahora que pasa de los cincuenta ha dado un volantazo en su vida, como en las pelis cuando hay una persecución y cambian de rumbo. De un día para otro dio ese giro y probó a ser maestra, que debía ser algo que ella deseaba y quizá no había visto la forma de hacerlo realidad. Y lleva dos años de interina, de aquí para allá, donde va habiendo un hueco para ella, allí va. Lo mismo sea estar con los pequeños de Infantil, como con los adultos, como estuvo el año pasado en Estella, como estar con los de Primaria como está este año.

Mis padres tienen un amigo que siempre que va al campo es para recoger algo comestible: setas, hongos, truchas, castañas, pacharanes… Es el recolector. Pues mi madre últimamente va a su trabajo y trae su recolección de experiencias. Algunas le dejan más contenta que otras y cuando puede nos las cuenta. Su primer examen: el examen de la torpeza. Repartió todos los exámenes, faltaba uno, fue a la fotocopiadora, volvió, repartió, creyó equivocarse, los recogió, les repartió otro examen de otro curso, volvió a recogerlos para repartirles el primero… ¡como el pitufo torpe! Así nos contaba… “Más vale que los chiquillos ni se han inmutado, tan tranquilos esperando a ver en qué terminaba eso”. Luego más equivocaciones o metidas de pata. A nosotros nos hace gracia aunque también suele ser un poco pesada hablando y preguntando. Sobre todo cuando te pregunta directamente… es realmente pesada: ¿qué tal ha ido la tarde? ¿quiénes os habéis juntado? ¿qué tal ambiente había? ¿por dónde habéis estado?

Empezó a escribir en este blog y siempre nos pide que leamos sus relatos antes de publicar. Es un poco insegura ella, como si estuviera a punto de tirarse a la piscina y tuviéramos que darle un pequeño empujón. Y suele ser un poco “moñas” en lo que escribe, como os habréis fijado. No creáis, que también tiene su “leche divina”, vaya, su genio, y lo mismo que es dulce, redulce, da un golpe en la mesa y dice “¡basta!”.

Cuando leí lo último que escribió sobre esa alumna de 6 años que lloró en clase porque se acordaba de su padre muerto, una maliciosa vocecita interior me dijo “antes escribía sobre nosotros… ¿y ahora?”. Entonces fue cuando saliendo de la cocina se me escapó la frase: “¡Los putos alumnos nos van a reemplazar!”

Fotos: Susana Aragón Fernández

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