Hermanicas

Photo by Vonecia Carswell on Unsplash  
Texto: Susana Aragón Fernández

“¡Tranquila, hermana, aquí está tu manada!”, sonaba el 8 de marzo. ¡Qué bonito suena: como diciendo, “donde haya una mujer, ésta es una hermana para otra mujer”! ¡Suena muy bien y en muchos casos así es! Pero ese resorte interior que nos hace percibir la verdad y la mentira de las situaciones me alerta, no puedo remediarlo y me hace reconocer dos aprendizajes intensos y contradictorios de mi relación con las mujeres.

Las mujeres hermanas, llámese madre, abuela, hermana, cuñada, amiga… son mis hermanicas. Me han enseñado lo que es la incondicionalidad, ese sentimiento que te transmite paz con esas señales que dicen “estoy de tu parte, pase lo que pase”. Me han enseñado lo que es vivir la alegría y la complicidad y mirar a la vida con locas ganas de reír. Las mujeres hermanas, las hermanicas, me han escuchado, han apostado por mí, han creído en mí, hemos bailado y reído hasta no poder más y me han enseñado lo que es la confianza y que hay amistades que son para siempre.

Pero no todas las mujeres son hermanas para las otras mujeres. Las hay con muchas capacidades para el mal. A mí me han enseñado, eso sí, muy sutilmente, tan sutilmente que hasta pasadas unas horas, o días, o años, no me he percatado del daño, me han enseñado lo que es el desprecio, con sus movimientos, con su tono de voz, con sus formas de apartar, de no considerar, de no valorar. Me han enseñado lo que es la envidia, claro que la envidia llega siempre disfrazada porque está muy mal considerada. Me han enseñado lo que es el miedo, que hay críticas que reptan a tus espaldas… y ese afán de “quítate tú pa`ponerme yo”.

Estos días pudiera parecer que sólo los hombres son capaces de hacer daño. Y eso no es así. La violencia y los malos sentimientos no son patrimonio exclusivo de los hombres… ni de las mujeres, ni de los jóvenes, ni de los viejos, ni de los de aquí, ni de los de allí…: hay violencia física, violencia verbal, violencia psicológica, malos sentimientos… que pueden estar (y de hecho, están) en el corazón de cualquier persona. En tu corazón y en mi corazón.

¡¡Brindo por todas las hermanicas del mundo y porque vayamos siéndolo cada vez más unas de otras!!

Photo by rawpixel on Unsplash 

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