Las bandejas del aperitivo de Boda

 

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Foto: John Cobb

Texto: Susana Aragón Fernández

Él sólo había estado en una boda. Siendo muy pequeño, los niños, conocedores de que las niñas iban a ir hechas unas princesas, con sus diademas y tules, decidieron que también ellos irían de príncipes. Se llevaron sus espadas de juguete y vivieron el evento con la sorpresa y el juego en sus miradas.

Hoy, ya en la adolescencia, su segunda boda. Sin mucha preocupación por las convenciones en el vestir y ya sin espadas, lo vive de otra manera. Charla con la familia, con amigos… se pone la única camisa que tiene, la camisa blanca, y una corbata negra y se marca unas gafas de sol.

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Foto: Henry Fournier

Hay un aperitivo en la zona ajardinada donde va a ser el banquete y siendo un día soleado de primavera, las bebidas sientan muy bien, lo mismo que todos los pequeños y exquisitos bocados que van sacando en bandejas. Los adultos charlamos unos con otros, nos reímos, nos sacamos alguna foto, tomamos todo con mucho agrado…

En cambio a él algo le hace sentir mal: al tomar un refresco de la bandeja se siente “servido” por la persona que la lleva y esa sensación le remueve. Y lo comenta con quien tiene confianza, con un sentimiento de no merecerlo, de extrañeza ante esa situación. Un gran equipo de camareros y camareras desfila sin parar con sus bandejas y quizá sea él quien más se ha fijado en el trabajo de estas personas. Unas personas sirviendo a otras: favoreciendo con su trabajo que otras personas disfruten de un día inolvidable.

Y es verdad: ellas están sirviéndonos y hay que reconocerlo, agradecerlo y valorarlo. También nuestros conductores de villavesas nos están sirviendo, trasladándonos de un punto a otro de la ciudad. Los maestros y profesores nos están sirviendo esforzándose en nuestra educación. Los barrenderos y quienes recogen la basura también nos están sirviendo haciendo que nuestra ciudad esté limpia y dé gusto vivir en ella… personal sanitario, jueces, administrativos, amas y amos de casa, periodistas,  limpiadores… ¡Qué necesario reconocer, agradecer y valorar el trabajo de cada persona!

A veces una mirada adolescente nos recuerda todo esto.

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Foto: Luke Porter

Publicado en la prensa en julio de 2017:

http://m.noticiasdenavarra.com/2017/07/15/opinion/cartas-al-director/las-bandejas-del-aperitivo-de-boda

 

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3 comentarios

  1. Completamente de acuerdo, Susana. Muchas veces esa mirada es innata, producto de su sensibilidad. Qué maravilla. Pero también puede ser educada, aunque claro, el adulto necesita esa misma sensibilidad. No debemos perder de vista lo que de verdad importa enseñar.

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  2. ¿Y si pensamos en que “servir” significa también ser útil? Todo aquel que realiza un trabajo es, y se siente útil, y por eso el paro no es sólo un problema económico… Pero parece que consideremos que hay trabajos “serviles”… Eso también se educa

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