Huelga laboral, huelga de vida

Foto de Stephen Andrews en Unsplash Texto: Susana Aragón Fernández

Son las once de la noche de un día de agosto caluroso que termina con una granizada, que trae un agradable frescor en medio de un verano de temperaturas intensas. Una llamada de teléfono. Un buen rato hablando. Llaman del centro: la pequeña de sus hijas, ingresada en la Residencia Padre Menni de Elizondo, está en urgencias después de haberse tragado unos cristales. Y llega la noche, la oscura noche. Ha habido otras llamadas similares a lo largo de los años, cada una es un golpe en la misma herida.

Te podía haber pasado a ti. Me podía haber pasado a mí. Esta vez le ha pasado a ella. Nadie está libre de padecer una enfermedad, ni física ni mental. Y cuando llega una enfermedad mental, empeñándose en poner zancadillas en la vida de quien la padece, todo es un transcurrir torpe, a golpes y trompicones.

Ella sabe que su hija necesita expansión, salir del centro, actividad… que no puede permanecer encerrada en ningún lugar porque tiene alma de pájaro. Sabe que es feliz simplemente con darse un chapuzón en la piscina o en alguna poza de algún río. Aunque no siempre es así, claro, tiene sus altibajos, que son los altibajos de su madre y de toda la familia. Lo mismo que su sufrimiento, es el sufrimiento de su madre y el de la familia.

¿Qué ha pasado? Que el personal de la Residencia lleva mucho tiempo en huelga (más de 200 días), convirtiéndose este en uno de los conflictos laborales más prolongados de la red sanitaria concertada de Navarra. El personal ejerce su derecho a la huelga y lucha por mejorar sus condiciones y esto conlleva menor ratio de personal, altas cargas de trabajo y falta de personal sustituto.

Así, muchas de las actividades que aportan tanto bienestar a las personas residentes (talleres de prensa, de repostería, acudir a la piscina cubierta de Elizondo, tardes de paseo, de tomar un café e incluso excursiones…) que están tan bien planeadas y llevadas con tanto cariño por el personal del centro, desaparecen de la agenda y quedan solo asegurados esos cuidados básicos de alimentación, higiene, descanso y medicación.

Hay personas que padecen una enfermedad mental que pueden soportar ese “parón” y pueden mantenerse con tranquilidad en la Residencia. Pero hay quienes necesitan esas actividades tanto como pueden necesitar una medicación. Que una residente llegue a una conducta autolesiva tan terrible que le lleva a terminar en Urgencias es un grito de desesperación y dolor tan tremendo que no podemos dejar de escuchar.

El Gobierno de Navarra deberá intervenir tal como le insta explícitamente la moción que aprobó el Parlamento de Navarra en febrero de 2026. La resolución le obliga a garantizar que la subcontratación del servicio se adapte a las necesidades reales de la salud mental.

Cómo tratamos a las personas más vulnerables habla de la calidad ética de nuestra sociedad.

Publicada en la prensa navarra en papel y en digital el 17 de agosto de 2026.

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