Robles

Fotografías y texto: Susana Aragón Fernández

ROBLE J1

Nuestro amigo decidió irse, irse bruscamente, recién pasada la fiesta de los Reyes Magos. Recién estrenado el año 2017, rompió su tronco para no brotar más, para no vivir más primaveras, para no volver a dejar mecer sus ramas al viento y no volver a enriquecer la tierra con sus hojas caídas.

Seguramente desesperado, seguramente dolorido, seguramente perdido en un extraño y denso vacío, sin saber que sus raíces eran más sabias que él mismo y sabían la forma de volver a reverdecer.

ROBLE J2

Al mismo tiempo unas pequeñas bellotas de roble cogidas como tesoros que recoge un niño por los bosques, brotaron en casa y se fueron convirtiendo en pequeños robles en macetas que fueron siendo regaladas… menos una donde un roblecito graciosamente erguido, más derecho que una vela, se quedó a acompañarnos y alegrarnos, incluida la pandemia. Quedó en casa con una lejana ilusión de poder expandir algún día sus raíces… más allá de los límites de la maceta que le ha acogido estos años.

ROBLE J3

En el Valle de Guesálaz, en un pueblecito que resplancede después del último recoveco del camino, hay una tierra donde un roble añejo ha vivido contento con sus raíces añosas y profundísimas, con su conocimiento natural de las aguas subterráneas que le han alimentado y le han ayudado a pasar con paz la crudeza de los inviernos, el dolor de las ausencias y las soledades de los tiempos lentos. Y el año pasado se hundió en esa misma tierra.

Llevamos al ROBLE J2 en su maceta blanca a ese pueblecito donde es bienvenido después de seis años de vida urbana soñando con el olor de la tierra. Para que hunda sus raíces y busque su alimento y, para empezar, sea sustento de sí mismo y, más tarde, pueda acoger nuevas ramas, nuevos frutos, nidos con sus huéspedes, pequeños animales… Para que sus raíces den la mano a las de nuestro amigo quebrado, ROBLE J1, para que recojan su esencia y vuelva a la vida. Para celebrar su vida y su memoria. Para que se enlacen sus raíces con el ROBLE J3 y sean sus aplicados discípulos aprendiendo cómo ser uno de esos robles recios e imponentes sin saberlo, dejando que el viento les haga bailar y el sol les haga brillar.

Por su vida, por su memoria.

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