Del Horror Vacui al Silencio

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Photo by Timon Klauser on Unsplash

Texto: Susana Aragón Fernández

Os lo confieso: “me estoy quitando” del horror vacui, o sea, del miedo al vacío. Esto del horror vacui, expresión que viene del latín, lo estudiamos en Historia del Arte y se aplica a las obras de arte (lo mismo Pintura, que Escultura, que Arquitectura) en las que todo el espacio está lleno de imágenes o diseños.  ¡Vaya, que no hay ni un espacio en blanco! Diríamos que entre imagen e imagen no hay un respiro. Todo, todo, todo, está lleno, como en las obras del Barroco, sobre todo en el estilo Rococó, en la decoración islámica o en el arte bizantino. Todo, todo el espacio está lleno. No cabe nada más.

Yo, no os penséis, no es que me haya tatuado todo el cuerpo sin dejar ni un centímetro de piel sin dibujos, no. En mi caso el horror vacui se aplica al tiempo de cada día. Hasta hace poco (ya os he dicho que “me estoy quitando”) tenía todas las horas, todos los minutos dedicados a algo: todas las horas estaban sujetas a una organización donde no quedaba ni un rato libre: el tiempo para el trabajo, el tiempo para acompañar a los niños al colegio y a sus actividades, el tiempo para las tareas domésticas, el tiempo para los amigos, el tiempo para el estudio (aclaro: siempre estoy con alguna formación entre manos, lo que me obliga a entregar trabajos, preparar temas, etc).

Mis hijos, los pobres, han tenido que sufrir mi horror vacui, ahora empiezo a darme cuenta. Desde muy pequeños les he organizado una agenda repleta de actividades: colegio, kárate, música, inglés, catequesis… hasta el día en que se plantaron y lloraban protestando, agotados del ritmo y repetían insistentes “¡Queremos… sólo jugar!” . Y entre esta resistencia que empezó por su parte y un comentario que oí en una charla en el colegio en la que decía la ponente que “los niños ahora están más ocupados que los ministros… ¡menudas agendas se ven obligados a cumplir!… Algunos no tienen tiempo ni para jugar después de clase… mucho menos para visitar a sus abuelos o a familiares”. Y empecé a pensar que tenían razón, que la niñez es un tiempo breve si miras todos los años de una vida, un tiempo que se pasa rápido. Los mejores recuerdos de mi niñez tienen que ver con juegos, con libertad y con tiempos largos sin horarios ni presiones, con amigos que también disfrutaban de ese espacio de estar sin profesores, sin padres, sin entrenadores… los momentos de juego-juego.

De estas reflexiones pasé a pensar en lo que estaba siendo mi vida en los últimos años y me veía corriendo de un lado a otro, sin tiempo ni para tomar un café con una amiga que me decía que tenía ganas de quedar para charlar. Me di cuenta de cuántas veces decía “¡no me da la vida!” a lo largo de la semana, de los meses, de los años… Ahora que “me estoy quitando” del horror vacui temporal, esa frase me parece casi hasta irrespetuosa con quien tiene que escucharla. ¿No tendré yo algo que ver en esto de ir tan apretada, tan acelerada en la vida? ¿Por qué será que no quiero parar?

Tengo la impresión de que mi madre, mi abuela, tatarabuela… no han vivido con esta desazón que yo llevo. Ellas, con más hijos que atender porque las familias antes eran más numerosas, con menos electrodomésticos, ¡sin pañales desechables!, tenían otra forma de estar en la vida, otra paz… o eso es lo que a mí me han transmitido. Debe de ser muy desagradable ver a una madre o a un padre diciendo ¡No me da la vida! Alguien así te está diciendo “no estoy disponible, así que si te diriges a mí, si pides mi tiempo, que sea por una buena causa, no por una tontería“.

Quizá detrás de todo esto está el MIEDO AL SILENCIO, el miedo a la soledad, el miedo a parar y pensar, el miedo a escuchar, a escucharme, el miedo a sentir dolor, a sentir frustración. El silencio… tan importante en la música y en la vida. Los músicos hablan de la capacidad de dominar “El arte del silencio” y también Pitágoras se refirió al silencio con la frase “El comienzo de la sabiduría es el silencio”. El silencio, en mi caso, viene a ser ese tiempo que no está ocupado previamente por una actividad, por un compromiso, es el folio en blanco, es el espacio vacío donde cabe una nueva imagen, donde cabe un juego espontáneo, donde cabe una oración, donde cabe la compañía de una persona, donde cabe la creatividad. Y, así buscando sobre el silencio, termino con esta frase que he encontrado para animarnos a “quitarnos de ruido y de compromisos” para dejar paso al silencio: “En el silencio recordarás lo que tu alma ya sabe”.

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8 comentarios

  1. Te sigo hace tiempo Susana y este blog es una pequeña ventana a la realidad desde un punto de vista que comparto .
    Verdaderamente hace falta tiempo para mirarnos por dentro, oir nuesro silencio habitado o vacio…. según cada cual… es cierto que ahora hay un ruido general que no nos deja oir, ni nuesto interior ni muchas veces a las personas qeu nos rodean… este mundo nos tiene pillados por el afan de hacer, hacer, hacer…….
    busquemos ese tiempo dediqumosle un sitio en nuestra vida…al sentir, mirar, orar, estar
    como tu estoy en el “camino de quitarme ruido y compromisos” o elegirlos libremente
    un placer leerte

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    • ¡Gracias por tu comentario, Bea! Me alegro de compartir ese objetivo de “quitarnos ruido y compromisos o elegirlos libremente”. Rodeadas de ruido, estímulos, planes, actividades…. pues nada, ahora nos plantamos y buscamos un poco (o un mucho) de paz.. Te mando un gran abrazo y mucho ánimo. Con la ilusión de seguir encontrándonos por el camino.

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      • Una vez más me ha encantado!!
        Yo más de una vez e dicho aquello de; “no me da la vida”.
        Claro que nuestras madres no lo decían.
        Pero ahora el nivel de exigencia y auto exigencia en la mujer es mayor.
        Debemos llenar nuestra vida de momentos bonitos para recordar.

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      • ¡Gracias, Asun! Creo que todas hemos tenido esa experiencia de estar saturadas y con la impresión de no llegar bien a las cosas. Y no sólo nosotras. También los hombres. Últimamente creo que mejor es menos de todo (menos cosas, menos experiencias, menos compromisos, menos actividad…), pero con más intensidad o más profundidad. Porque si no, estamos como surfeando a toda pastilla y nos estamos perdiendo la posibilidad de sumergirnos y ver lo que el mar esconde. ¡Un abrazo!

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