


Inesperadamente te nos vas. Una caída y te nos vas.
Se va tu infancia en Burlada, la Burlada de las puertas abiertas y la vida de juegos en la calle y de vecinos apoyándose en las dificultades.
Se va tu adolescencia truncada por la muerte de tu padre, Gracián, más conocido como Vizcay, que se dedicó al remonte y que se fue cuando solo tenías 16 años.
Se van las risas, los bailes y las alegrías de la juventud.
Se van los veranos en Viscarret que siempre añoraste, en casa de tu abuelo adonde llegabas en autobús de línea y él salía a recogerte: veranos de amistades que bailaban en las fiestas del pueblo y de los pueblos de los alrededores.
Se va tu tiempo de trabajo, bien jovencita, ayudando a la abuela Juanita que quedó viuda tan joven.
Y empezó tu historia con él, con Ángel, tu compañero de vida. ¡Cuántos bailes, cuántos momentos compartidos, alegrías y penas… todo! 61 años juntos que hemos celebrado en agosto. Como dice la tía Miren: tus padres son del estilo pegote, siempre juntos a todas partes.
Fuimos llegando nosotros, tus hijos y la vida siguió. Y más adelante los nietos, a los que has querido tanto. La primera nieta, Claudia, nació en EEUU y sin ninguna duda ni temor, allí te fuiste a conocerla. Luego Miguel, Álex, Sara, Nora, Néstor, Marcos, Manuela, Marcos, María, Darío, Mateo, Andrés, Marta, Martín. Tus tesoros. Soñabas con que por lo menos uno de ellos saliera pelotari, siguiendo la estela de tu padre. Quizá el sueño algún día llegue a cumplirse.
Tu corazón ha sido sencillo y grande a la vez para abrir tus puertas a tu madre, nuestra abuela Juanita y cuidarla hasta el último día de su vida. Tu corazón ha sido generoso y a nosotros, tus hijos, nos has dejado volar para mirar desde tierra nuestras piruetas en el aire. Has disfrutado de nuestra libertad y de nuestras alegrías.
Los viernes de cenas con los amigos de la piscina nos enseñaron el valor de la amistad. Cenas que con el tiempo se convirtieron en comidas y más adelante en momentos de tomarse unos fritos.
Soñabas con una bicicleta que no tuviste, con una vida de pueblo que no fue pero que pudiste disfrutar tantos domingos en Reta con tu querido hermano Miguel y la familia Urdaci, que es nuestra familia.
Perdona si nuestro amor no ha sido tan grande, perdona nuestras mezquindades, nuestra manera de dosificar el cariño, la compañía.
Nos has enseñado que en caso de duda, elige la opción SÍ, sí a salir, sí a quedar con amigos, sí a bailar, sí a celebrar, sí a viajar, sí, sí, sí… Sí a la vida.
Como dice esa jota que tanto te emociona: «Tiene los ojos azules, de tanto mirar al cielo«. Sigue mirándonos, cuidándonos, sigue con nosotros, no nos pierdas de vista, mamá.
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Cuánto has recibido de ella, Susana, y cuánto de ella hay en ti. Y cuánta luz en tu mirada, que seguro que le hace alegrarse mientras te sigue viendo hacer piruetas!
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Gracias por tu comentario, Teresa. Esa parte de «en caso de duda, elige el SÍ» me viene de ella y seguro que mucho más. Seguiremos por aquí haciendo piruetas ligeras, alegres, torpes, graciosas… lo que sepamos.
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Qué triste noticia, Susana! Un fuerte abrazo
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Gracias. Otro abrazo para ti
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