Aquella rendición

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Photo by delfi de la Rua on Unsplash

Texto: Susana Aragón Fernández

De jovencita lo veía todo muy muy claro. Las cosas eran o blancas o negras y no había mucho más que pensar, sí. Así era la cosa. Algo estaba bien de por sí, por propia definición o por lo mismo estaba mal. Y ya está.

La vida me ha ido enseñando toda la paleta de colores, todos los matices de cada color, así que finalmente todo resulta mucho más complicado, pero también mucho más rico e interesante.

Sobre el tema del aborto del que hemos vuelto a hablar en nuestra ciudad estos días, en esos tiempos de blanco o negro, era para mí simplemente un derecho de la mujer y punto. Por esto mismo yo lo veía bien y como un derecho y una lucha dentro del camino hacia la igualdad y a la liberación de la mujer. Con el paso de los años ya no lo veo de la misma manera. Lo he vivido de cerca y he dejado de considerarlo un derecho, más bien lo veo un fracaso. A ver si me explico.

Hace once años me quedé embarazada. Yo estaba trabajando pero Pau acababa de quedarse en el paro. Hoy puedo decir que cuando vi esa rayita en el test de embarazo anunciándolo, tuve una mezcla de emociones: desde el susto, hasta la ilusión, la incertidumbre, la alegría… Pau dijo que no era el momento de ser padre y con su actitud, mis emociones más alegres se apagaron como si les cayera un jarro de agua fría. Él tenía claro que lo mejor era abortar y dejar lo de ser padres para más adelante. Yo no tuve la fuerza para hacerme valer, para luchar por ese hijo o esa hija y terminé por aceptarlo como algo normal, como una operación más que te puede pasar en la vida, aunque por dentro algo en mí estaba contrariado y todo lo que pasó entonces lo viví como una rendición. Después supe que abortar no tenía nada que ver con cualquier otra intervención médica porque ahí estaba en juego la vida de mi hijo o hija. ¡Lástima no haber tenido entonces la fuerza que tengo ahora para defenderle con garras y dientes, para apartar a dentelladas a todos los que quisieran hacerle daño y quedarme cuidándole y alimentándole!

Cuatro años después nació Ainara. Yo la considero mi segunda hija. La primera (no sé si sería chico o chica, pero yo la imagino siempre chica) la perdí de aquella manera. Siento resentimiento hacia Pau por aquella decisión, por aquel miedo que nos llevó a abortar. Me gustaría volver atrás y recuperarla. Mi primera hija está presente todos los días de mi vida como un fantasma lleno de pinchos que llevo clavado. La echo de menos y la imagino junto a su hermana jugando a los cromos, patinando por la plaza, desayunando juntas o saltando las olas cuando vamos a la playa en verano.

Cuando veo en las noticias el triunfalismo de los médicos y personal sanitario de las Unidades de Neonatología al sacar adelante a niños prematuros, algunos con tan pocas semanas que no llegan ni a un kilo de peso, siento mucha, mucha rabia. Ya sé que esto es muy irracional, pero siento rabia porque se están volcando en esos bebés diminutos, dándoles todos los cuidados, luchando por ellos cuando las cosas son tan difíciles por haber llegado al mundo tan pronto, tan poco desarrollados…. y pienso que a pocos metros otros bebés están siendo eliminados, como la mía. ¿Dónde habría acabado mi bebé? Es una rabia insoportable.

Hoy me da igual parecer retrógrada a casi todos mis amigos y familiares, pero lo voy a decir, para mí el aborto ya no es un derecho: es un fracaso de la sociedad. Es un fracaso de los programas preventivos sanitarios, educativos, formativos… es un fracaso total y un daño inmenso para las mujeres. Hoy tenemos que dar un paso más en el fortalecimiento de nosotras, las mujeres, y poner en cuarentena la idea de que el aborto es un derecho.

Y, en cuanto a los médicos que se dedican a esa práctica no sé cómo podrán sentirse. Seguramente eligieron su profesión con la ilusión de cuidar de las vidas, e incluso en algunos casos llegar a salvarlas. Resuenan en mí algunas frases del juramento hipocrático de los médicos: “tendré absoluto respeto por la vida humana”. “Debo tener especial cuidado en los asuntos sobre la vida y la muerte”. “Por encima de todo, no debo jugar a ser Dios”.

Yo me he quedado sin mi hija mayor. Ainara es hija única y su hermana la mira no sé desde dónde con pena de no compartir sus juegos. Cada día les pido perdón por aquella debilidad.

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Photo by Rainier Ridao on Unsplash

https://www.youtube.com/watch?v=m6fTXVuo2-M   ELVIS PRESLEY – Bridge over troubled water

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