
Foto de Aaron Burden en Unsplash Texto: Susana Aragón Fernández
Hay un tiempo para nacer y otro tiempo para morir, decía el Eclesiastés.
Estos días de octubre los árboles se engalanan con sus más vivos colores.
Meses atrás nos han alegrado con sus brotes primaverales
y el frescor verde de su sombra en el verano,
han cantado canciones nuevas en un coro de hojas y pájaros… y viento.
Ha encontrado su lugar el diminuto autillo que ya es un vecino más en nuestra ciudad.
Pero llega un tiempo de decir adiós: llega el otoño
y en la despedida de sus hojas, los árboles están más hermosos que nunca.
Se visten con sus más bellas tonalidades invitando a contemplarlos,
porque ya nos fuimos acostumbrando a ellos y no les prestamos atención.
Con ojos admirados volvemos la vista a sus copas en movimiento lento,
parecen acariciarnos.
Y ellos, sabios y generosos, forman un paseíllo,
invitándonos con sus brazos entrelazados
a atravesar ese túnel refrescante y multicolor cada mañana.

Fotografía: Susana Aragón Fernández
Si ponemos atención podemos escucharles cantar viejas canciones
que remueven recuerdos de abrazos y besos.
El otoño, nuestro otoño: tiempo para el regalo, como las hojas, tiempo de agradecer, de dejar marchar, de soltar, de embellecer cada mirada, cada gesto, tiempo de soltar nuestro mejor perfume al viento, nuestro mejor baile, tiempo de la más dulce canción.
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querida Susana, me encanta tu crónica. Es cierto que nos habiamos acostumbrado al verdor del verano y ya no lo veiamos. El otoño es un ¨mas dificil todavia¨ para llamar la atencion. y desde luego lo hace y obnubila…. Un abrazo grande .
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Hola Julitxu: muchas gracias por tu comentario y por estar cerca. Un abrazo lleno de hojas de colores.
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