El lobo que comía patatas y tomates

Fotografía: Pinterest Texto: Susana Aragón Fernández

Decía mi hijo pequeño en sus tiempos de inocencia total “todos son buenos, mami” intentando convencerme de que podía dejarle solo por la ciudad y yo le respondía que sí pero con un matiz marcado por la palabra CASI: “sí, cariño, CASI todos son buenos. Algún malo también hay, como en los cuentos”.

Hoy aquella madre es una maestra que, con niños de similar edad que aquel que ya ha crecido, acude esta semana a ver una obra de teatro infantil en inglés bajo la lluvia de últimos de enero. Cadenetas de niños diminutos de primero y segundo de primaria de diferentes colegios se acercan en filas multicolores con sus pequeños paraguas unidos siguiendo el paso de cada maestra. Cada grupo parece un gigantesco ciempiés multicolor. Pero ¡qué pequeños son! En la calle parecen mucho más pequeños que en clase. Vamos a ver “The three little pigs”, o sea, Los tres cerditos de toda la vida.

Es un espectáculo muy bonito, representado con mucha gracia, con música, dinamismo y bailes, con invitaciones a la participación del público infantil… muy bien. Pero de repente termina el espectáculo y compartimos una pequeña coreografía: los artistas desde el escenario y el público desde el patio de butacas. “Pero… ¿ya está?”, nos preguntamos B y yo. La impresión es la misma que en esos chistes que se cuentan sobre relaciones íntimas entre dos personas, en las que los ritmos de una nada tienen que ver con la otra y cuando todo acaba para una, la otra estaba empezando a ambientarse: ¡Ya está! ¿Cómo que ya está?

Pues sí, se acabó el cuento cuando todavía estábamos esperando la intervención brava del lobo. Queríamos sufrir con los cerditos, aterrorizados huyendo de él y de sus instintos carnívoros… y nada de eso sucede. Nuestro lobo aparecía por el escenario bailando: parecía un tipo delicado y desde luego nada feroz. Es un lobo que, hambriento como estaba, solo aspiraba a comerse las patatas y los tomates que tenían los cerditos en sus casas. Estos en ningún momento temen por su vida. ¿Será que ahora los lobos son vegetarianos…?

Algunas maestras nos hemos quedado con cara de ¿Ya está?, con cara de habernos quedado sin la chispa del cuento, sin la emoción, sin la intensidad del miedo, de la huida y de la fuerza de la solidaridad entre hermanos ante una situación extremadamente límite. Las emociones han sido más “ligth”. Todo ha quedado descolorido y rebajado por el miedo a decir la verdad: los lobos SON carnívoros.

Días atrás, en clase, entre las bellotas que teníamos en pequeños”nidos” húmedos en espera de su germinación, salió un gusanito de una de ellas que causó una gran expectación: todos se asomaron al tarrito para conocerlo y ver el agujerito que dejó en la bellota. ¿Qué hacemos con él?, pregunté. Alguien propuso echarlo a uno de los saquitos de la planta carnívora que tenemos en clase y el resto de la clase secundó la idea con entusiasmo. Ellos mismos se encargaron de llevarlo a cabo. Lo vivieron con enorme alegría y emoción y con una chispa científica en sus ojos.

Foto: Planta carnívora Nepenthes (Pinterest)

Los lobos también son carnívoros. No pasa nada por decirlo. A ver si las niñas y los niños de ahora van a creer de verdad que “todos SON buenos”. Han de aprender el significado de CASI (CASI todos son buenos).

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