
Fotografía: Pinterest Texto: Susana Aragón Fernández
Camináis unos pasos por delante cuando la tarde ya se va despidiendo
De la mano
Su cuerpo menudo y grácil, su cuerpo de garceta blanca, transparente
Tu cuerpo vivido, tierno y acogedor, de piel tersa bañada por el sol
De la mano
Cuando tus manos tiemblan en este repentino paseo por el acantilado
sus manos te llevan, inconscientes, con sus dedos delgaditos de piel delicada,
cálidos como fuego en la cabaña.
De la mano
Cuando parece como si todo lo construido estuviera a punto de desvanecerse
sus pocos años te llenan de hadas y duendes protectores. Cada paso, una bendición saltando por los aires entre las flores silvestres.
De la mano
Seguro que ella siente que sigues siendo su fortaleza y su hogar
Quizá no sepa de tus noches sin dormir, de tu tristeza
La zozobra que llegó del mensaje de las batas blancas
Quizá no comprenda la novedad de cada mirada tuya,
de cada momento cotidiano, de cada despertar, de cada beso
Y, de la mano,
ella a sus pocos años ahora es tu madre y tú, su hija
sin saberlo, te da fuerza, te conecta con tu esencia,
con todo lo que ha tenido sentido y sigue teniéndolo.
Agradeces su no saber, su inocencia, su calor, su delicadeza,
su alma de golondrina y seguís…
de la mano.