Un adiós bailando

Foto de Andre Furtado en Unsplash Texto: Susana Aragón Fernández

El último día que estuvimos juntas no quisiste salir porque te dolía mucho la espalda, así que nosotros hicimos los recados por el barrio: pagar la factura del dentista y comprar pimientos en vinagre en la tienda de congelados donde las casas verdes y volvimos a casa. Ahí seguías, en tu butaca. Dolorida. Marianna ya se había ido después de limpiar la casa, como todos los miércoles desde hacía unos nueve años. Le enseñaste la rosa de la terraza, la última rosa de este otoño, y también una foto de una de tus nietas ¡preciosa la rosa, preciosa la nieta!

¿Y si damos un masaje en la espalda con esa crema con cannabidiol (CBD) de la farmacia a ver si se pasa el dolor? Vale, pues. Tu cuerpo se va haciendo pequeño y torpe y ya has tenido alguna caída y alguna herida. Te cuesta hasta tumbarte boca abajo en la cama, pero finalmente damos un buen masaje. A ver si esta planta tan exitosa para muchos nos trae algo de alivio… Después del masaje intentas levantarte pero no lo consigues, te resbalas, no tienes fuerza en las piernas ni en el tronco para incorporarte y, asustada, le llamas a él, “¡Ángel!” para que nos ayude. Temes caerte y crees que mis brazos no serán lo suficientemente fuertes. No importa que él pase de los 90. Para ti siempre será tu Jonh Wayne capaz de cogerte en brazos como Ethan alzando en los suyos a su sobrina (Natallie Wood) rescatada de los apaches en Centauros del desierto. Y viene y entre los dos podemos ayudarte a incorporarte.

¿Qué tal si hacemos algo de ejercicio para fortalecer esas piernas y toda la musculatura? Y, tú, que tienes el SÍ siempre contigo, pues “vale”. Música de Los Tenampas para alegrar las almas y así mezclamos una gimnasia suave con el baile. Bailamos y bailamos y de vez en cuando estiramos los brazos hacia arriba un poco por cumplir, como para convencernos de que estamos haciendo gimnasia. No tenemos otro quehacer, nosotras, que bailar. No importa que él tenga ganas de cenar, además no pide nada, como quizá en otros momentos habría intentado ser atendido. Él simplemente se asoma al frigorífico y coge cualquier cosa para picotear mientras se sienta contemplando nuestra actuación, flotando en la cocina a ritmo de mariachis.

Y cuando llega el momento de la despedida, te di un beso. No siempre te daba un beso. Algunas veces te daba un beso como saludo o como despedida, pero no siempre. Los besos en nuestra familia, la familia de origen, están bastante dosificados, y justamente ese día te di un beso.

Última tarde contigo, último baile, último beso.

Sé que esos últimos momentos fueron un regalo. La última tarde podría haber sido uno de esos días en que el cansancio me hubiera puesto de mal genio o quizá me hubiera dado por criticar el desorden que impedía encontrar las cosas, o quejarme de algo… podría haberme ido con mal sabor de boca de vuestra casa y ese mal sabor de boca estaría todavía sabiéndome a hiel. Pero en cambio ese último momento fue un regalo que acompaña tu ausencia.

Hoy este café, este paseo, este desencuentro, estas risas, esta queja, esta alegría, esta película… pueden ser los últimos. ¿Quién sabe?

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