
Alguien pronuncia la palabra maldita, la palabra que acaba borrándolo todo. La palabra que acaba comiéndose los recuerdos y el conocimiento de toda una vida. La carcoma del cerebro. Alzheimer. Quizá venga con paso lento. Quizá no. Quizá el baile de abril, en el hotel cercano al apartamento mediterráneo donde pasamos unos días, sea nuestro último baile. O no, y quizá la vida nos traerá más bailes que alegrarán tu espíritu siempre dispuesto a la fiesta. Puede que olvides las palabras injustas, los sinsabores, la rabia de una adolescencia que no tuviste por perder a tu padre a los dieciséis.
Quizá desaparezcan los sueños de esa vida conectada con un pueblo, con una casa y una huerta donde ya no está tu abuelo esperándote a tu llegada en el autobús de línea: el autobús que te trasladaba a ese mundo rural donde pasaste los veranos de tu niñez. O los sueños de volver a la ciudad costera donde un tiempo trabajaste con tu madre en la empresa familiar de la tía Paquita, Santander, y donde, sin saberlo, fuiste feliz. Quizá ya no añores todo eso y llegues a conformarte con esta vida urbana de hoy, con demasiadas horas entre cuatro paredes, con demasiadas películas, ¡con tanto tiempo de butaca!
O quizá quienes estamos cerca y valoramos que siempre has estado ahí para impulsarnos a todo, a fiestas, viajes, amistades… seamos capaces de colmar esos sueños, acercarte a aquel pueblo o a cualquier otro pueblo donde suene una orquesta que te traiga melodías queridas, donde sin saber bien cómo ni por qué se llene tu cara de viveza y tus ojos brillen.
¡Ojalá no te tengamos que despedir antes de que puedas cumplir tus sueños!

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